El dedo de Dios

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jueves, 28 de agosto de 2008

Memoria sensorial: visual y auditiva

Memoria sensorial: visual y auditiva

Se denomina memoria sensorial a la habilidad de retener impresiones de información sensorial después de que el estímulo original haya cesado.
Hace referencia a objetos detectados por los receptores sensoriales los cuales son retenidos temporalmente en los registros sensoriales que a su vez poseen una gran capacidad de almacenamiento de información precategorial, pero que solo son capaces de mantener imágenes precisas de información sensorial por espacio muy limitado.
Las dos clases de memoria sensorial que han sido más exploradas son la icónica (se encarga de recibir la percepción visual) y la ecoica (mantiene almacenados los estímulos auditivos hasta que el receptor haya recibido la suficiente información para poder procesarla definitivamente).
Para trabajar con los niños tanto la memoria visual como la auditiva, hay que crear un ambiente cómodo, agradable, de juego, en el que se sienta a gusto. No en situación como de examen.
Actividades para trabajar la Memoria visual
Actividad 1
De entre 10 objetos (6 para los niños más pequeños) que hay en una caja, coger el mismo que se acaba de presentar. Lo mismo con 2, 3, 4... objetos.
Instrucción: "Coge los mismos objetos que he cogido yo".
Actividad 2
Reproducir una serie de imágenes (2, 3...), presentadas por el padre o madre, colocándolas en el mismo orden en que se le presentan. Para esta Actividad se utilizan 10 parejas de imágenes.
Instrucción: "Haz una fila como ésta", "Coloca los dibujos como los coloco yo".
Actividad 3
Lo mismo que la prueba anterior, con colores, utilizando objetos (cubos, fichas) con los 4 colores básicos, repetidos dos o tres veces.
Actividad 4
Tras presentarle el padre o madre una serie de imágenes (2, 3...), recordar al ocultárselas dónde estaba situada cada una de ellas.
La instrucción es: "¿Dónde está...?"
Material básico: objetos variados, memorias, lotos, cubos de colores.
Actividades para trabajar la Memoria auditiva
Actividad 1
Realizar órdenes sencillas. Aumentar paulatinamente el número de acciones que componen la orden.
Índices de dificultad:
a) Acciones corporales con una sola palabra (levántate, siéntate, sopla, salta, bosteza, ríe, canta, llora, tose)
b) Acciones corporales de dos palabras (cierra - abre los ojos, la boca, la mano, etc.; saca - mete la lengua; mueve la mano - la pierna, la cabeza, etc.).
c) Una acción más un objeto (colócate junto a la puerta, la mesa, le ventana, la silla; toma el lápiz, la goma, el cuaderno; pósalo en la mesa, la silla, etc.; colócalo encima, debajo, detrás, delante de...; dentro o fuera de una caja, etc.).
Actividad 2
Repetir palabras; aumentar paulatinamente el número de palabras que han de repetir.
a) Monosílabas: Sí, no, pez, pan, sol, sal, luz, mar, pie.
b) Bisílabas: Pato, mesa, silla, taza, sopa, vaso, bota, dedo, dado, casa, mano, pipa, seta, pelo.
c) Trisílabas: Bañera, camisa, paloma, cuchara, cuchillo, helado, tenedor, conejo, pelota, nevera, zapato, muñeca.
Actividad 3
Repetir frases oralmente, aumentando paulatinamente el índice de dificultad de los diversos enunciados:
a) Sujeto + verbo
b) Sujeto + verbo + complemento
c) Sujeto + complemento + verbo
d) Sujeto + verbo + complemento + complemento
e) Etc.: Complicación creciente de la frase.
La forma de trabajar puede ser la siguiente: La madre o padre dice una frase que el niño debe repetir.
Se comienza con frases de sujeto + verbo o, según la edad, de sujeto + verbo + complemento con artículo; y poco a poco se van haciendo más largas. Se pueden ir añadiendo complementos en mitad de la frase y al final, para comprobar en qué lugar estaban las palabras que recuerdan y cuáles son las que olvidan con mayor facilidad.
Estrategias que llevan al éxito
• Mantener la fijación visual durante unos segundos en cada imagen.
• Favorecer la subvocalización (decir en voz baja el nombre de la imagen).
• La repetición.
• Asociación de la repetición con el cuenteo de dedos (una imagen para cada dedo; cuentan cuántas imágenes hay y, al colocarlas, se apoyan contando los dedos).
• Repetición con situación espacial.
• Si un niño no es capaz de repetir una frase, al razonar el significado con él es muy posible que consiga repetirla.
• Las frases relacionadas con sus intereses son más fáciles de recordar: motivación especialmente importante en alumnos con un bajo nivel de éxito.
• La situación o posición del instructor puede ir variando: desde estar situado en frente del alumno y repitiendo las órdenes dos veces, a repetir sólo una o dar la orden desde otro lugar.
• Puede ser útil la estrategia de que el niño, desde el momento en que se empieza dar la orden, haga un rastreo o barrido visual, buscando los objetos que ha de utilizar para realizar la orden.

Retraso en el desarrollo del lenguaje: Retraso leve de lenguaje.

Retraso en el desarrollo del lenguaje: Retraso leve de lenguaje.

Se habla de retraso leve del lenguaje cuando nos encontramos con niños y niñas que sin causa patológica manifiesta presentan un desfase en la elaboración del lenguaje con respecto a los sujetos de su misma edad cronológica. Su comprensión y expresión verbal es inferior a la "normal". Este desfase cronológico se manifiesta generalmente:
A nivel de producción:
- La aparición de las primeras palabras se retrasa hasta los dos años.
- La unión de dos palabras no aparece hasta los tres años.
- El uso de los pronombres, fundamentalmente el personal "yo", aparecen sobre los cuatro años.
- Ausencia del artículo y de los marcadores de posesión.
- Tendencia a reducir el sistema consonántico adulto.
- Utilización de un vocabulario reducido.
- Uso de frases simples, palabras yuxtapuestas sin empleo de nexos, rellenando los espacios vacíos con sonidos indescifrables, dando la sensación de frases largas.
- Poca utilización de los plurales y uso d frases mal estructuradas sintácticamente.
- Muchos de estos niños o niñas compensan su déficit de expresión con un uso masivo de gestos, que generalmente son bien comprendidos en su entorno, provocando un reforzamiento de la expresión gestual en detrimento del lenguaje oral.
Este modo de expresión considerado normal a una determinada edad, se convierte en patológico cuando permanece en niños o niñas que han superado los cuatro años.A nivel de comprensión:La comprensión verbal es mejor que la expresión en estos sujetos, lo que hace pensar que son normales a este nivel. No obstante, si se explora cuidadosamente su nivel de comprensión, se observan algunas alteraciones:
Los enunciados referentes a conceptos espaciales, temporales, cromáticos, etc, son difícilmente comprendidos y no están integrados en su lenguaje cotidiano.
A nivel de imitación provocada:Se observan deficientes resultados en la repetición de palabras o frases. Parece que son incapaces de repetir estructuras lingüísticas que aún no tengan integradas. La repetición de frases, palabras o sílabas sin significado resulta muy difícil. En la repetición de frases si limitan a reproducir algunos elementos de la misma.
Síntomas de acompañamiento:Al retraso leve de lenguaje acompañan otros síntomas no lingüísticos entre los que destacamos:
- Retraso motor con dificultad en la precisión y coordinación de movimientos y con frecuencia, un retraso en la aparición de la marcha.
- Dificultad en la realización de dibujos libres o copiados y para respetar los límites del coloreado de dibujos.Generalmente, el retraso leve de lenguaje evoluciona hacia la constitución de un lenguaje normal, en esto precisamente se distingue de las demás formas de retraso.
Visitación García Vilches. Manual de logopedia escolar. ED. Aljibe.

lunes, 19 de mayo de 2008

CÓMO LUCHAR CONTRA LOS ESTEREOTIPOS SEXUALES TEMPRANOS

CÓMO LUCHAR CONTRA LOS ESTEREOTIPOS SEXUALES TEMPRANOS

Los niños pequeños van aprendiendo la diferencia entre lo que significa ser niño o niña por medio de la observación y también gracias a los mensajes que los adultos transmitimos sobre lo que es adecuado o inadecuado para uno u otro sexo.
Cuando los mensajes que damos a los niños son muy estereotipados (un niño no llora, una niña no debe jugar al fútbol, etc.) no estamos dando una educación sexual adecuada.
Conviene que estemos atentos a los mensajes estereotipados que les podemos transmitir, ya que éstos muchas veces se muestran de manera muy sutil. En la Guía de Educación Sexual de la Primera Infancia se explica muy bien lo que los niños y las niñas aprenden con estos mensajes:


“- Ven que en la comunicación afectiva con los niños, las personas adultas priman las cosquillas y los golpeteos, y con las niñas, los besos y los abrazos. Aprenden así que unos y otras han de expresarse de modo diferentes.
- Captan el rubor de una persona adulta ante los achuchones y abrazos que dos niños se dan entre sí. Aprenden así que dos niños no deben expresarse de este modo.
- Intuyen el malestar adulto ante un niño que juega con un carrito de muñecas. Aprenden así que este no es un juego adecuado para él.
- Escuchan expresiones del tipo “dile a mamá que te cosa el botón”. Aprenden así que es una tarea propia de las mamás, no de los papás.
- Escuchan cuentos en los que los personajes masculinos y femeninos reproducen estereotipos y desigual protagonismo.”


Por ello, como señala L.E. Shapiro, conviene que los padres sean conscientes de la influencia especial que tienen sobre sus hijos de sexo opuesto al suyo, es decir de la influencia de los padres sobre las hijas y de las madres sobre los hijos.
Así, el padre debería dedicar algún tiempo todos los días a tratar a su hija como si fuera un niño, es decir, jugar físicamente con ella, leerle algún libro de aventuras, jugar al balón...
Del mismo modo, una madre debería actuar de manera similar con su hijo, leyéndole historias en las que los protagonistas cuidan y se preocupan de otras personas, así como favorecer la expresión emocional del niño, o inculcarle valores como la sensibilidad y la amabilidad...
De esta manera, darán a sus hijos una formación sexual más integral, que contrarrestará la influencia negativa de los prejuicios sexistas.

¿DEBO PREOCUPARME SI MI HIJO/A SE TOCA LOS GENITALES?

¿DEBO PREOCUPARME SI MI HIJO/A SE TOCA LOS GENITALES?

Niños y niñas necesitan tocarse y mirarse para reconocer y comprender su cuerpo. La curiosidad y el interés que muestran por explorarlo, conocerlo y experimentar con él sensaciones agradables y placenteras, son exactamente eso y no otra cosa.Cuando ellos y ellas empiezan a palpar y tocar todo lo que les rodea se topan con sus propias piernas, brazos, tronco o cabeza, descubren poco a poco su propio esquema corporal y aprenden a delimitar dónde empieza y acaba su propio cuerpo. Comprender los límites de su propio cuerpo es lo que les permite descubrir el mundo que les rodea. Desde ahí, necesitan tiempo para mirar y explorar el mundo a su manera.Alrededor de los seis meses pueden discernir lo que permanece constante y lo que varía, y concluir que lo que permanece constante es su cuerpo. Por eso les gusta tanto jugar al escondite en ese periodo, aprenden que las cosas (las otras cosas que no son su cuerpo) pueden desaparecer de la vista y volver a aparecer.En la primera infancia, la autoexploración se extiende por igual a todo el cuerpo y tocarse sus genitales es sólo un modo más de descubrirlo y explorarlo. Aunque pronto descubren que acariciándolos sienten algo diferente que les produce placer.No se trata de una práctica negativa o inapropiada para su edad y, por tanto, no hay que evitarla. Aunque tampoco se trata de estimularla. Cada niña y cada niño irán descubriendo sus modos y ritmos.
Es un proceso natural y único en cada criatura.A veces querrán compartir las sensaciones que esta práctica les produce. En ocasiones, cuando ya son un poco mayores, nombran esa sensación, diciendo, por ejemplo: “Mamá, qué cosquillas me hago (en la vulva) y qué rico es”. Esto no es problemático y es signo de que confían en sus educadores o educadoras, y que sienten seguridad en su propio cuerpo. Éste es un buen momento para explicarles que lo que sienten es normal, que le pasa a todo el mundo, y que se trata de una práctica íntima que las personas no la hacen en público. Asociar este placer con suciedad o con algo negativo crea un conflicto difícil de resolver, ya que probablemente no dejarán de autoexplorarse, pero lo harán a escondidas y con culpa. Y, de este modo, es difícil que vivan su cuerpo sanamente y con placer. Sin embargo, si se les da libertad y no reciben represalias por estar haciendo algo “sucio”, tendrán la oportunidad de ir descubriendo qué les gusta y qué no les gusta en relación al contacto corporal.Algunas criaturas se tocan mucho. A veces, usan esta práctica para aislarse de las demás personas (como el balanceo u otras); no hay que banalizar este hecho, pero tampoco dramatizarlo. En estas situaciones es importante, más que centrar nuestra atención en cómo se tocan, interesarnos por el niño o la niña y abrirles nuevos horizontes: actividades, juegos, entretenimiento; evitando la monotonía y el aburrimiento.Otras veces, al tocarse con mucha fuerza, pueden hacerse daño.

Cuando esto ocurre, la necesidad de cuidar su salud suele ir acompañado de desconcierto para la educadora o el educador porque no resulta fácil ni siempre posible tratar de superar los mitos y el ocultismo relacionados con el autoplacer y, a la vez, afrontar algunas de sus consecuencias negativas.La angustia que todo esto supone puede dar lugar a mensajes contradictorios tales como “puedes tocarte la vulva todo lo que quieras, pero tienes que tener cuidado de no tocarte mucho”. Aunque siempre se puede cambiar la segunda parte de este mensaje diciendo “… pero tienes que tener cuidado con no hacerte daño”. En ocasiones, en cambio, las criaturas apenas se tocan los genitales. Esto tampoco es problemático, ya irán descubriendo su cuerpo y su placer. No hay que precipitar nada.

jueves, 8 de mayo de 2008

CÓMO ENSEÑAR EL VALOR DE LA BONDAD

CÓMO ENSEÑAR EL VALOR DE LA BONDAD

La bondad se puede definir como la preocupación por el bienestar y los sentimientos de las demás personas.

Una persona buena es la que intenta hacer algo para que sus semejantes sean felices, está atenta a sus preocupaciones, les ofrece ayuda si cree que la necesitan, sale en defensa del que está siendo molestado o ridiculizado, etc.

Los valores contrarios, como la maldad o la crueldad son cada día más evidentes ya que están magnificados por los medios de comunicación; el ejemplo más triste son las grabaciones de agresiones a personas más débiles que se cuelgan en Internet.

¿Cómo pueden los padres y/o educadores inculcar el valor de la bondad?

Aquí van algunos consejos y actividades:

-Sé un modelo de bondad, es decir, compórtate como una adulto bondadoso. Realiza buenas acciones explicando al niño el hecho de que te sientes mejor después de hacerlas.

-Explícale con claridad tus creencias al respecto, que hay que ser bondadosos, y que la crueldad es negativa y no debe permitirse.

-Demuestra tolerancia cero contra la crueldad. Así, si observas que el niño se ríe o ridiculiza a otro niño, lo más adecuado es:

- Desaprobar esa conducta

- Hacer al niño consciente de cómo el acto de crueldad ha hecho daño al otro niño.

- Preguntarle qué debería hacer la próxima vez, es decir, que busque una conducta alternativa positiva.

- Preguntarle cómo puede reparar el daño, o sea, cómo compensar al niño al que ha tratado mal.

-Explícale qué significa ser bueno. Una manera sencilla de que los niños aprendan el significado de la bondad es colgar un cartel de buenas acciones que los miembros de la familia pueden hacer para que los demás se sientan mejor.

-Dile que observe cuando alguien hace algo bueno por otra persona en cualquier circunstancia y cómo reacciona la persona ayudada.

-Cuando el niño haga algún acto de bondad, párese un momento para hacerle notar lo que ha hecho y cómo ha mejorado la situación de la otra persona.

CÓMO AYUDAR AL NIÑO QUE MIENTE, A DECIR LA VERDAD

CÓMO AYUDAR AL NIÑO QUE MIENTE, A DECIR LA VERDAD

Cuando vemos que un niño miente tendemos a inquietarnos, ya que pensamos que la mentira se puede convertir en un hábito y que con el tiempo puede llegar a ser un mentiroso.

Pero no hay que preocuparse excesivamente ante las mentiras de un niño pequeño, ya que para él los límites entre la realidad y la fantasía no están claros del todo, sobre todo si tiene menos de 6 años.

Los padres pueden ayudar a los niños de alrededor de tres años a ver la diferencia entre lo que es real y lo que es imaginación, fantasía o ficción. Para ello, se puede aprovechar cuando se ven dibujos animados, o se les cuenta o lee algún cuento.

Además el propósito de las mentiras de un niño menor de 4 años, puede ser el de agradar a sus padres. Si piensan que sus padres van a disgustarse por alguna travesura que haya hecho, simplemente lo niegan para que ellos no se entristezcan.

Es a partir de 7 años cuando el niño se siente culpable por haber mentido, aunque su mentira “haya colado”.

¿Qué podemos hacer para ayudar al niño a decir la verdad?

-Hay que hablar en la familia con frecuencia de la importancia de la sinceridad. De ese modo los niños comenzarán a tener en cuenta ese valor. Para ello podemos ayudarnos de cuentos, como el del pastorcillo que engañaba a los vecinos con el grito de “¡Que viene el lobo¡”, hasta que vino de verdad y nadie le hizo caso…

-La mejor manera de hacer que el niño diga la verdad es a través del ejemplo. Si el niño pequeño ve que sus padres mienten, él hará lo mismo. Por ello, si queremos educar el valor de la sinceridad, nosotros como adultos debemos practicarlo.

-No tenemos por qué mentir a los niños. Si hay cosas que no se les puede decir por alguna razón, es preferible admitirlo antes que inventarse una mentira.

-Progresivamente, habrá que ir también enseñando al niño el sentido de las “mentiras piadosas”, dichas para no herir a nuestros semejantes.

-A veces, si castigamos al niño con severidad corremos el riesgo, entre otros, de que el niño mienta para evitar el castigo. Por ello, es preferible utilizar en la educación del niño técnicas de disciplina positiva.

-En todo caso, el niño debe tener claro que la mentira conlleva un problema añadido al del comportamiento inadecuado o la travesura. Para eso, si el niño admite que ha hecho algo mal se le debe de hacer ver que apreciamos su sinceridad y aplicarle una consecuencia menos negativa que en el caso de que hubiera intentado engañar con su embuste.

-En el caso de un niño pequeño al que sorprendemos con “las manos en la masa”, o simplemente que está claro que han cometido una ‘fechoría’, no es bueno hacerle preguntas para que así pueda inventarse una excusa o mentira. Es mejor ir directamente a reprochar lo que han hecho mal y aplicar la consecuencia natural o lógica más adecuada. Al no hacerle preguntas (que en realidad no necesitamos hacerle) estamos evitando que pueda mentirnos.

-Muy importante para inculcar la honestidad y sinceridad es premiar y elogiar la conducta sincera, es decir, más que perseguir la mentira, estar atentos a cuando dice la verdad para reforzarle esa buena conducta.

-También es útil para estimular el valor de la sinceridad el preparar un “cuaderno de verdades”, en el que iremos anotando las ocasiones en que el niño se muestra sincero, y revisarlo con el diariamente para que aprecie el valor de la buena conducta y sea consciente de cómo va progresando.

-No olvidar tampoco que, conforme los niños crecen, especialmente cuando comienzan la etapa de la adolescencia, necesitan también de intimidad, y que además de los aspectos que los padres deben conocer, hay otros que son íntimos y que no tienen por qué contarles. En definitiva, no inmiscuyéndonos en esos temas evitamos que el niño se vea en la tesitura de engañar.

miércoles, 16 de abril de 2008

Los juegos a los niños

Los juegos a los niños

El juego es una actividad, además de placentera, necesaria para el desarrollo cognitivo (intelectual) y afectivo (emocional) del niño. El juego espontáneo y libre favorece la maduración y el pensamiento creativo. Los niños tienen pocas ocasiones para jugar libremente. A veces, consideramos que "jugar por jugar" es una perdida de tiempo y que sería más rentable aprovechar todas las ocasiones para aprender algo útil. Por medio del juego, los niños empiezan a comprender cómo funcionan las cosas, lo que puede o no puede hacerse con ellas, descubren que existen reglas de causalidad, de probabilidad y de conducta que deben aceptarse si quieren que los demás jueguen con ellos.

Los juegos de los niños deberían considerarse como sus actos más serios, decía Montaigne. El juego espontáneo está lleno de significado porque surge con motivo de procesos internos que aunque nosotros no entendamos debemos respetar. Si se desea conocer a los niños -su mundo consciente e inconsciente- es necesario comprender sus juegos; observando éstos descubrimos sus adquisiciones evolutivas, sus inquietudes, sus miedos, aquellas necesidades y deseos que no pueden expresar con palabras y que encuentran salida a través del juego.

Juego y realidad: valor del juego simbólico (juego de ficción)

Los tipos de juegos de los niños muestran su evolución:
- Juegos funcionales, juegos de acción, de sensaciones y movimientos, en la etapa de las adquisiciones sensorio motrices.
- Juegos de ficción, juegos simbólicos o de representación, en las etapas del pensamiento preoperatorio y de las operaciones concretas.
- Juegos reglados y estructurados, deporte, juegos de competición, propios de la etapa del pensamiento formal y de la concentración. El juego simbólico o de ficción es el juego infantil por excelencia. Obligado a adaptarse a un mundo social adulto y a una realidad física que aún no comprende, el niño necesita inventarse su propio mundo a partir de aquello que vive, pero traduciéndolo a un lenguaje simbólico, personal, con el que adaptar ese mundo externo a sus necesidades. Por medio del juego de ficción el niño asimila poco a poco ese mundo externo, lo elabora y se adapta a él en un proceso continuo de maduración.

Juego y desarrollo intelectual

Los niños empiezan a usar símbolos desde el segundo año de vida (por ejemplo, al señalar un perro diciendo "guau" o al hacer como si bebiera de una taza), repitiendo actuaciones que han visto en adultos, representando sucesos que han vivido o imitando el funcionamiento de determinados objetos. Es la imitación diferida. En ese imitar del niño se produce la asimilación de las situaciones y relaciones que observa en el mundo que le rodea. Parte de modelos concretos para, más adelante, llegar a la concentración. La función simbólica es una meta representación común al juego y a otras actividades humanas como el lenguaje. Cuando falla la adquisición y utilización de la función simbólica (en la afasia, en el autismo, en la deficiencia mental...) se advierte la importancia de la misma en la maduración personal y la necesidad de potenciar en la infancia la práctica del juego espontáneo para que puedan lograrse los niveles adecuados en cada etapa evolutiva.

Juego y personalidad

A veces, determinadas dificultades, que quizá parecen insuperables para el niño, pueden hacerse frente por medio de los juegos, siempre que se aborden a su modo y planteando de uno en uno los aspectos del problema Los celos por el nacimiento de un nuevo hermano, por ejemplo, es un tipo común de conflicto, que suele aparecer enmascarado en los juegos como reacción a procesos internos que el mismo niño desconoce, pero que le ayudarán a aceptar esa realidad, al representarse el problema de una forma nueva y grata para él, como cuando trata a su muñeco del mismo modo que él quiere ser tratado o cuando reacciona en su juego como querría haberlo hecho en la realidad. En el juego se da una adaptación entre lo imaginable (todo es posible) y lo permitido (reglas de conducta), en la que el niño tiene tiempo de aprender lo que es factible y correcto mientras permite una salida airosa a sus impulsos.

En síntesis, el juego...

...es una actividad imprescindible para el niño. El juego es necesario para el desarrollo intelectual, emocional y social.
- Permite tres funciones básicas de la maduración psíquica: la asimilación, comprensión y adaptación de la realidad externa.
- Exige ofrecer al niño el tiempo y los medios favorables para que lo pueda realizar a su modo.
- Favorece las adquisiciones sociales tempranas, las habilidades de comunicación social. Es una preparación para la vida adulta.
- Como conducta exploratoria, impulsa la creación de campos de acción y la creatividad.
- Tiene un sentido para el niño. Cuando se le interrumpe cualquier juego, se le priva del desenlace de un argumento creado por él mismo con una finalidad que no siempre alcanzamos a comprender.

El Síndrome de Down


Se puede diagnosticar el Síndrome de Down en el bebé antes de su nacimiento

El síndrome de Down es una anomalía en los cromosomas que ocurre en 1.3 de cada 1000 nacimientos. Por motivos que aún se desconocen, un error en el desarrollo de la célula lleva a que se formen 47 cromosomas en lugar de los 46 que se forman normalmente. El material genético en exceso cambia levemente el desarrollo regular del cuerpo y el cerebro. Es uno de los defectos de nacimiento genéticos más comunes. Afecta a todas las razas y a todos los niveles económicos por igual. No existe cura para el Síndrome de Down y tampoco es posible prevenirlo. En ningún caso el S.D. puede atribuirse a algo que hicieron o dejaron de hacer los padres.

¿En que se diferencia un niño con Síndrome de Down?

Las personas con S.D. tienen más similitud que diferencias con las personas de desarrollo regular. Por otra parte, existe una gran variedad de personalidad, estilos de aprendizaje, inteligencia, apariencia, obediencia, humor, compasión, congenialidad y actitud entre los bebés con S.D.
Físicamente, un niño con síndrome de Down puede tener ojos almendrados y orejas pequeñas y ligeramente dobladas en la parte superior. Su boca puede ser pequeña, lo que hace que la lengua parezca grande. La nariz también puede ser pequeña y hundida en el entrecejo. Algunos bebés con S.D. tienen el cuello corto y las manos pequeñas con dedos cortos. Son niños con una inteligencia social excepcional.

Problemas de salud especiales

Entre el 30 y el 50 por ciento de los bebés con síndrome de Down tienen defectos cardíacos. Algunos defectos son de poca importancia y pueden ser tratados con medicamentos, pero hay otros para los que se requiere cirugía. Todos los bebés con síndrome de Down deben ser examinados por un cardiólogo pediátrico, un médico que se especializa en las enfermedades del corazón de los niños, y ser sometidos a un ecocardiograma durante los 2 primeros meses de vida para permitir el tratamiento de cualquier defecto cardíaco que puedan tener.
Entre el 10 y el 12 por ciento de los bebés con síndrome de Down nacen con malformaciones intestinales que requieren ser corregidas quirúrgicamente. Más del 50 por ciento tienen alguna deficiencia visual o auditiva. Entre los problemas visuales más comunes se encuentran el estrabismo, la miopía, la hipermetropía y las cataratas. La mayoría de los casos pueden ser tratados con anteojos, con cirugía o mediante otros métodos. Se debe consultar a un oftalmólogo pediátrico durante el primer año de vida del niño. Los niños con síndrome de Down pueden tener deficiencias auditivas por causa de la presencia de líquido en el oído medio, de un defecto nervioso o de ambas cosas. Todos los niños con síndrome de Down deben ser sometidos a exámenes de visión y audición de forma regular para permitir el tratamiento de cualquier problema y evitar problemas en el desarrollo del habla y de otras destrezas. Los niños con síndrome de Down tienen mayores probabilidades de sufrir problemas de tiroides y leucemia. También tienden a resfriarse mucho y a contraer bronquitis y neumonía. Los niños con este trastorno deben recibir cuidados médicos regulares, incluyendo las vacunaciones de la niñez.

Pueden asistir a la escuela

Por lo general, los niños con síndrome de Down pueden hacer la mayoría de las cosas que cualquier niño pequeño puede hacer, tales como hablar, caminar, vestirse y aprender a ir al baño. Sin embargo, generalmente aprenden más tarde que otros niños. Los niños con S.D. pueden asistir a la escuela. Hay programas especiales a partir de la edad preescolar que ayudan a los niños con síndrome de Down a desarrollar destrezas en la mayor medida posible. Además de beneficiarse de la intervención temprana y la educación especial, muchos niños consiguen integrarse completamente en las aulas para niños normales. El porvenir de estos niños es mucho más prometedor de lo que solía ser. Muchos de ellos aprenderán a leer y escribir y participarán en diversas actividades propias de la niñez, tanto en la escuela como en sus vecindarios.
Si bien hay programas de trabajo especiales diseñados para adultos con síndrome de Down, mucha gente afectada por este trastorno es capaz de trabajar regularmente. Hoy en día, la cantidad de adultos con síndrome de Down que viven de forma casi independiente, en hogares comunitarios, cuidando de sí mismos, participando en las tareas del hogar, haciendo amistades, tomando parte en las actividades recreativas y trabajando en su comunidad, es cada vez mayor.

¿La personas con síndrome de Down pueden casarse?

Algunos jóvenes con síndrome de Down se han casado, aunque esto sucede raramente. Si bien se han producido raras excepciones, los hombres con síndrome de Down no pueden engendrar hijos. En cualquier embarazo, una mujer con síndrome de Down tiene el 50 por ciento de probabilidades de concebir un niño con síndrome de Down, pero muchos embarazos con fetos afectados se pierden naturalmente.

¿Quiénes corren el mayor riesgo de tener un bebé con Síndrome de Down?

Las parejas que ya han tenido un bebé con síndrome de Down, las madres o los padres cuyo cromosoma 21 ha sido reacomodado y las madres de más de 35 años de edad son los que corren el mayor riesgo. El riesgo de síndrome de Down aumenta con la edad, desde aproximadamente uno de cada 1.250 niños para una mujer de 25 años de edad a uno de cada 952 a la edad de 30, uno de cada 378 a la edad de 35 y uno de cada 106 a la edad de 40 años. Sin embargo, por lo menos el 70 por ciento de los bebés con síndrome de Down nacen de mujeres menores de 35 años de edad, ya que las mujeres más jóvenes tienen muchos más bebés.

¿Se puede diagnosticar el Síndrome de Down antes de que nazca el bebé?

Sí. El análisis prenatal mediante la amniocentesis o una prueba más nueva llamada el análisis de la vellosidad criónica permiten diagnosticar el síndrome de Down o, con más frecuencia, confirmar que éste no está presente. Como ambos procedimientos conllevan un pequeño riesgo de infección o de pérdida del feto, generalmente se ofrecen solamente a aquellas mujeres cuyas probabilidades de tener un bebé con defectos de nacimiento cromosómicos o de otro tipo son mayores de lo normal. Un médico puede sugerir la realización de una amniocentesis cuando una mujer obtiene un resultado anormal en la prueba de alfafetoproteína (AFP), un análisis de sangre que se realiza alrededor de la semana 16 del embarazo. Esta prueba puede detectar la presencia del síndrome de Down en aproximadamente el 35 por ciento de los casos. Una versión más nueva de esta prueba, que mide la AFP y también los niveles de dos hormonas del embarazo, puede, aparentemente, detectar la presencia del síndrome en alrededor del 60 por ciento de los casos. Sin embargo, estos análisis de sangre no sirven para diagnosticar el síndrome de forma concluyente, ya que sólo se tratan de análisis preliminares que indican la necesidad de una amniocentesis. En términos generales, las probabilidades de concebir otro bebé con síndrome de Down en cada embarazo posterior son del 1 por ciento, más el riesgo propio de la madre según su edad. Sin embargo, si el primer niño presenta translocación del síndrome de Down, las probabilidades de tener otro niño con síndrome de Down aumentan enormemente.
Por lo general, cuando se sospecha que un bebé tiene síndrome de Down el doctor toma una muestra de su sangre para realizar un análisis de cromosomas (llamado un cariotipo). Este análisis sirve para determinar si el bebé tiene síndrome de Down y para identificar la anomalía cromosómica correspondiente. Esta información es importante en la determinación del riesgo que corren los padres en futuros embarazos. El doctor podrá enviar a los padres a un especialista en genética que puede explicar los resultados de este análisis detalladamente e indicar cuáles son los riesgos de que se repita este fenómeno en otro embarazo.

Fuentes consultadas:
- Fundació Catalana Síndrome de Down
- Fundación Síndrome de Down-Valencia
- Asociaciones españolas
- Asociaciones internacionales

La Depresión

La Depresión infantil

La depresión que antes solo se diagnosticaba en personas adultas, está cada día haciendo sufrir también a los niños. Ya no son sólo los adultos los que se deprimen. La depresión infantil, según Cynthia Callahan, gerente de una clínica de orientación infantil, en Madera, puede surgir a causa de "cambios importantes y estrés", como resultado de la pérdida de los padres, un divorcio, o problemas familiares, etc.
Aproximadamente el 5 por ciento de los niños de la población general padece de depresión en algún momento. Los niños que viven con mucha tensión, que han experimentado una pérdida o que tienen desórdenes de la atención o de la conducta, o discapacidades en el aprendizaje, o aún problemas de salud mental, corren mayor riesgo de sufrir depresión.

¿Mí hijo tiene depresión?

Seguro que en algún momento de la infancia de su hijo, alguna madre se ha preguntado eso. Lo primero que hay que decir es que cada niño es único en su forma de ser. Hay que conocer muy bien al niño y saber lo que es realmente normal en su comportamiento.

No hay que apresurarse a sacar conclusiones. Padres y profesores han de estar atentos cuando algún niño presente alguna de las siguientes características
- está continuamente triste, llorando con más facilidad
- pierde el interés por los juegos preferidos y por la escuela
- se aleja de sus amigos y de la familia
- presenta una comunicación pobre
- se aburre y se cansa con facilidad
- presenta menos energía o concentración
- se queda irritable o demasiado sensible frente a pequeñas frustraciones, montando rabietas o berrinches con más facilidad.
- se le nota extremamente sensible hacia el rechazo y el fracaso
- expresa baja autoestima, depreciándose a ellos mismos
- elige "finales tristes" para sus cuentos y representaciones
- se comporta de una manera agresiva
- se queja constantemente de dolores tales como de cabeza o de estómago
- duerme demasiado o muy poco
- come demasiado o muy poco
- sufre una regresión, hablando como un bebé u orinándose en la cama
- habla de suicidio
- habla de escaparse de la casa

La depresión también afecta a los bebés

Con niños de hasta tres años, las señales para preocuparse empiezan cuando esos niños parecen tristes o decaídos aun cuando se les están consolando. Pueden, incluso, que se peguen desesperadamente a quien se ocupa de ellos o que dejen de comunicarse.
La depresión en esos niños está casi siempre conectada con el cambio o pérdida de la persona responsable de su cuidado, o cuando quien les cuida no es capaz de responder a sus necesidades.
La depresión en los bebé se ve reflejada en su estado anímico; lo que no quiere decir que el bebé llora porque está triste, sino que da la impresión de que está apático y sin ninguna iniciativa.
En cuanto a las señales que manifiesta el bebé, está el hecho que no rechace los brazos de un desconocido, significa que algo pasa ya que lo normal es que el bebé tenga angustia por la separación de su madre y se ponga a llorar. Otra señal se muestra cuando el niño no siente deseos de llamar la atención, ya que a esta edad lo normal es que el bebé quiera atraer la atención de las personas que lo rodean.
Las consecuencias que puede tener la presencia de un cuadro depresivo en el bebé son varias. Puede producir cierto retraso en el desarrollo como el inicio de la marcha más tarde de lo normal, el inicio del habla, tener problemas de sueño, somatizaciones frecuentes, enfermedades de tipo infecto-contagioso debido a una disminución de las defensas biológicas que permanecen más allá de todo cuidado, alteraciones en la alimentación que mantienen al bebé en un estado de decaimiento.

Qué se puede hacer en esos casos

No ignore los síntomas de depresión
Dé mas atención de lo normal a su hijo. Juegue con él y así le será más fácil hablar sobre sus problemas. Lea libros infantiles con temas relacionados, dibuje, pinte, construya un puzzle con su hijo. Debe dedicarle un momento especial y único y así, crear un ambiente más cercano y de confianza.

Hágale preguntas y esté atento a las pistas
Un niño en edad de escolarización primaria puede llegar a decir "soy tonto". No se trata simplemente de apoyarlos diciéndoles que no lo son, pregúnteles sobre el porqué piensa que es así, si pasó algo en la escuela, etc. El niño podrá contestar diciendo que todo es una porquería. Y entonces pregúntele qué es lo que le parece malo. Lo importante es indagar sobre lo que piensa el niño. El niño necesita de atención, del interés por su parte.

Establezca y mantenga las rutinas
El niño necesita sentirse arropado por una disciplina. Se sienten colaboradores y partícipes cuando se establece un horario para cada actividad. Los "límites" los piden él. Por ejemplo: no existe nada más cálido y lleno de afecto como leer un cuento antes de dormir, y ser bien arropado en su camita. De esta forma estarás diciendo al niño que los problemas no son culpa de ellos. Que todo continua como antes y que él es importante para ti.

Esté atento por si el niño tiene estrés
Es necesario reevaluar el calendario diario de actividades del niño. Pregúntese si tu hijo no está haciendo demasiadas cosas. Si no le estás sobrecargando de actividades. Puede que el niño se siente cansado y estresado.

Tranquilice a su niño
Nada mejor que mimarlos y a la vez averiguar sobre su rutina. Estar pendiente sobre el tipo de comida que más le gusta, si duerme toda la noche, si necesita de nuevas actividades y rutinas.

Busque tratamiento médico en el caso de que su hijo empiece a aislarse, comportarse mal, o a hacer comentarios negativos sobre él mismo. Tendrás que confiar en su instinto. Si ves que su niño ha sobrepasado el límite de la normalidad, busque ayuda y apoyo medico. El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión son esenciales para los niños deprimidos. Comente el caso con el pediatra.

La Hiperactividad infantil (TDAH)

- Hiperactividad Infantil (TDAH)
La hiperactividad infantil es un trastorno infantil caracterizado por déficits de atención, impulsividad y un exceso de actividad.
Conozca el perfil de un niño hiperactivo, y cómo se trata a este trastorno La hiperactividad es un trastorno de la conducta en niños, descrito por primera vez en 1902 por Still. Se trata de niños que desarrollan una intensa actividad motora, que se mueven continuamente, sin que toda esta actividad tenga un propósito. Van de un lado para otro, pudiendo comenzar alguna tarea, pero que abandonan rápidamente para comenzar otra, que a su vez, vuelven a dejar inacabada. Esta hiperactividad aumenta cuando están en presencia de otras personas, especialmente con las que no mantienen relaciones frecuentes. Por el contrario, disminuye la actividad cuando están solos.

Perfil de un niño hiperactivo

Según Still, estos niños son especialmente problemáticos, poseen un espíritu destructivo, son insensibles a los castigos, inquietos y nerviosos. También son niños difíciles de educar, ya que pocas veces pueden mantener durante mucho tiempo la atención puesta en algo, con lo que suelen tener problemas de rendimiento escolar a pesar de tener un cociente intelectual normal. Son muy impulsivos y desobedientes, no suelen hacer lo que sus padres o maestros les indican, o incluso hacen lo contrario de lo que se les dice. Son muy tercos y obstinados, a la vez que tienen un umbral muy bajo de tolerancia a las frustraciones, con lo que insisten mucho hasta lograr lo que desean. Esto junto sus estados de ánimos bruscos e intensos, su temperamento impulsivo y fácilmente excitable, hace que creen frecuentes tensiones en casa o en el colegio. En general son niños incapaces de estarse quietos en los momentos que es necesario que lo estén. Un niño que se mueva mucho a la hora del recreo y en momentos de juego, es normal. A estos niños lo que les ocurre es que no se están quietos en clase o en otras tareas concretas.

Los indicadores de hiperactividad según la edad del niño

- De 0 a 2 años: Descargas mío clónicas durante el sueño, problemas en el ritmo del sueño y durante la comida, períodos cortos de sueño y despertar sobresaltado, resistencia a los cuidados habituales, reactividad elevada a los estímulos auditivos e irritabilidad.
- De 2 a 3 años: Inmadurez en el lenguaje expresivo, actividad motora excesiva, escasa conciencia de peligro y propensión a sufrir numerosos accidentes.
- De 4 a 5 años: Problemas de adaptación social, desobediencia y dificultades en el seguimiento de normas.
- A partir de 6 años: Impulsividad, déficit de atención, fracaso escolar, comportamientos antisociales y problemas de adaptación social.

Causas de la hiperactividad infantil

La hiperactividad infantil es bastante frecuente, calculándose que afecta aproximadamente a un 3% de los niños menores de siete años y es más común en niños que en niñas (hay 4 niños por cada niña). En el año 1914 el doctor Tredgold argumentó que podría ser causado por una disfunción cerebral mínima, una encefalitis letárgica en la cual queda afectada el área del comportamiento, de ahí la consecuente hipercinesia compensatoria; explosividad en la actividad voluntaria, impulsividad orgánica e incapacidad de estarse quietos. Posteriormente en el 1937 C. Bradley descubre los efectos terapéuticos de las anfetaminas en los niños hiperactivos. Basándose en la teoría anterior, les administraba medicaciones estimulantes del cerebro (como la benzedrina), observándose una notable mejoría de los síntomas.

Síntomas en un niño hiperactivo

Los síntomas pueden ser clasificados según el déficit de atención, hiperactividad e impulsividad:
- Dificultad para resistir a la distracción.
- Dificultad para mantener la atención en una tarea larga.
- Dificultad para atender selectivamente.
- Dificultad para explorar estímulos complejos de una manera ordenada.
- Actividad motora excesiva o inapropiada.
- Dificultad para acabar tareas ya empezadas.
- Dificultad para mantenerse sentados y/o quietos en una silla.
- Presencia de conductas disruptivas (con carácter destructivo).
- Incapacidad para inhibir conductas: dicen siempre lo que piensan, no se reprimen.
- Incapacidad para aplazar las cosas gratificantes: no pueden dejar de hacer las cosas que les gusta en primer lugar y aplazan todo lo que pueden los deberes y obligaciones. Siempre acaban haciendo primero aquello que quieren.
- Impulsividad cognitiva: precipitación, incluso a nivel de pensamiento. En los juegos es fácil ganarles por este motivo, pues no piensan las cosas dos veces antes de actuar, no prevén, e incluso contestan a las preguntas antes de que se formulen.

Consecuencias en la familia con un niño hiperactivo

Los padres suelen definir a un hijo hiperactivo como inmaduro, maleducado y gamberro. Sus comportamientos generan conflictos en la familia, desaprobación y rechazo. Son irritantes y frustrantes en cuanto al éxito educativo de los padres, y algunos niños tienden al aislamiento social. Este trastorno ya se detecta antes de los 7 años y unos tienen síntomas más graves que otros. Una cosa que hay que tener en cuenta, es que si los padres riñen exageradamente al niño hiperactivo, pueden estar fomentando un déficit de autoestima por su parte (sobretodo si lo critican por todo lo que hace) y realimentan el trastorno, ya que el pequeño acabará por no esforzarse por portarse bien, pues verá que siempre acaban riñéndole haga lo que haga.

Tratamiento de la hiperactividad

El tratamiento depende de cada caso individual.
El tratamiento farmacológico es a base de estimulantes para ayudar a que el niño pueda concentrarse mejor, y sedantes en el caso de que el niño muestre rasgos sicóticos.
El tratamiento psicoterapéutico está destinado a mejorar el ambiente familiar y escolar, favoreciendo una mejor integración del niño a la vez que se le aplican técnicas de modificación de conducta. El tratamiento cognitivo o autoconstrucciones, se basa en el planteamiento de la realización de tareas, donde el niño aprende a planificar sus actos y mejora su lenguaje interno. A partir de los 7 años el lenguaje interno asume un papel de autorregulación, que estos niños no tienen tan desarrollado. Para la realización de cualquier tarea se le enseña a valorar primero todas las posibilidades de la misma, a concentrarse y a comprobar los resultados parciales y globales una vez finalizada.

Trastornos del Aprendizaje en la Infancia

- Trastornos del Aprendizaje en la Infancia
Los trastornos del aprendizaje suponen el retraso en la adquisición de aprendizajes escolares básicos como son la lectura, escritura y el cálculo numérico. Según el area afectada hablaremos de dilexia, disgrafía o discalculia.

Trastornos del Aprendizaje: dislexia, disgrafía y discalculia

El aprendizaje de las habilidades lectoras, la escritura y el cálculo es uno de los principales objetivos para los niños y niñas en los inicios de su educación escolar. El desarrollo adecuado de estas capacidades serán la clave de su futuro éxito escolar y la base de sus habilidades comunicativas en la edad adulta.

Cuando aparecen retrasos en el desarrollo de estos aprendizajes escolares básicos hablamos de Trastornos del Aprendizaje. Este tipo de trastornos pueden limitarse a un área específica del aprendizaje escolar, o bien afectar a varias áreas. Podemos encontrarnos con los siguientes trastornos en función del área del aprendizaje afectada:

- Trastornos de la lectura: Dislexia

- Trastornos de la escritura: Disgrafía y Disortografía

- Trastorno del cálculo: Discalculia

Este tipo de alteraciones pueden suponer un serio obstáculo para el adecuado desempeño escolar del niño ya que van a ser la base de los futuros aprendizajes que va a tener que adquirir. Por ello, detectar con rapidez los posibles retrasos en el desarrollo de las capacidades de lectoescritura y de cálculo es fundamental para realizar una adecuada intervención especializada.

Con la adecuada intervención y seguimiento, el niño afectado no tiene por qué tener consecuencias negativas a largo plazo, sino que puede desarrollarse y conseguir un adecuado rendimiento académico.

Sin embargo, sin la adecuada intervención, el niño puede tener importantes problemas de aprendizaje a largo plazo, causando fracaso escolar y abandono académico.

En los casos más graves, la alteración en las capacidades comunicativas a largo plazo van a afectar seriamente sus relaciones sociales ya que éstas, van a estar determinadas por una baja autoestima y unas pobres habilidades sociales.

Trastorno Fonológico: Dislalia infantil

Trastorno Fonológico: Dislalia infantil

La pronunciación de los sonidos del lenguaje, al igual que los otros elementos del habla, es una habilidad que el niño debe adquirir a lo largo de su desarrollo. El niño comenzará emitiendo los sonidos más simples como el sonido “m” o “p” y a medida que sus habilidades mejoren comenzará a pronunciar sonidos más complejos y finos que requieran de más músculos y órganos fonadores.

Con la producción de las primeras palabras, entre los 12 y los 18 meses de edad, comenzarán los primeros errores de pronunciación. El niño dirá “lete” cuando se refiera a “leche” o “mimir” por “dormir”. Estos errores son la consecuencia de la inmadurez de su lenguaje que tiende a simplificar los sonidos para que resulte más sencilla su pronunciación. A medida que avance en la adquisición de habilidades articulatorias, los patrones fonatorios se irán automatizando, mejorando su pronunciación y su fluidez verbal.

Cuando este proceso de adquisición de habilidades de pronunciación del lenguaje no se realiza con normalidad hablamos de Dislalias. El Trastorno Fonológico o Dislalia consiste en la incapacidad del niño para pronunciar correctamente los sonidos del habla que son esperables según su edad y desarrollo. Este trastorno se va a manifestar en errores en la producción de sonidos como la sustitución de una letra por otra (el niño dice “tasa” en vez de “casa”) o la omisión de consonantes (“lapi” en vez de “lápiz”).

Este trastorno suele presentarse entre los tres y los cinco años y es el trastorno del lenguaje más común en los niños. Suele ser detectado sin dificultad por padres y profesores, sin embargo, es menos frecuente que se decida realizar un adecuado diagnóstico e intervención especializadas debido a la creencia errónea de que la Dislalia es un problema que desaparece con el tiempo sin intervención.

La Dislalia suele provocar problemas de comunicación del niño con su entorno y suele asociarse con retrasos en el desarrollo del lenguaje. En los casos más graves influye negativamente en los aprendizajes escolares que suele verse reflejado en un bajo rendimiento escolar.

jueves, 3 de abril de 2008

Disciplina

¿SON EDUCATIVOS LOS CACHETES?

Aunque el castigo físico no es recomendable, hay autores que están a favor del empleo educativo de los cachetes .Debe quedar claro que el límite del castigo físico es una cachete en la mano o en el trasero con la palma de la mano. Nunca se debe pegar a un niño con un cinturón, vara u otros objetos. Igualmente, el estar de acuerdo con un cachete excepcional no impide reconocer que los cachetes tiene sus peligros y pueden ser mal utilizados, por lo que deben evitarse en determinados casos. Por ejemplo, no es adecuado dar un cachete en una situación de enfado, ni tampoco tiene sentido dar un cachete y luego, por sentimiento de culpabilidad, dar marcha atrás y ceder. Asimismo, dar un cachete por una cosa sin importancia, como la gota que colma el vaso, dice muy poco del autocontrol que queremos enseñar a los niños. Pero, así como hay que evitar esos cachetes "mal dados", existirían cachetes "bien dados".

Por ejemplo, cuando se trata de evitar al niño pequeño un peligro, un cachete unido a un rotundo ¡NO¡ suele ser más efectivo que un razonamiento.

También cuando existe un desafío claro a la autoridad o no hay manera de hacer respetar un límite, o para poner fin a una situación que si empeora puede quedar fuera de control.

Pero cuando los cachetes no mejoran las cosas, se corre el peligro de tener que pegar más fuerte, y entrar en una dinámica peligrosa y totalmente desaconsejable.

ALTERNATIVAS AL CASTIGO

El Castigo pone fin inmediatamente a la conducta indeseada.

Un grito, un azote, mandar al niño al rincón o tiempo-fuera, tiene efectos mágicos….., pero sólo inmediatos.

Además, ese efecto tan rápido viene acompañado de consecuencias negativas a largo plazo:

- En el caso del castigo físico se está enseñando a los niños (tanto al que lo sufre como a posibles niños observadores) que la violencia sirve para resolver los problemas.

- El niño aprende a ser más cuidadoso para que la próxima vez no le pillen, pero no aprende necesariamente a ser más responsable.

- Con el castigo no se le enseña el buen comportamiento, si acaso lo que no se debe hacer.

- El castigo crea resentimiento y deseos de venganza.

- El castigo humilla y afecta la autoestima del niño.


Pero, ¿por qué si el castigo tiene tantos efectos negativos se continúa utilizando?.

Estas pueden ser algunas de las causas de que eso ocurra:

- Es el principal método educativo que hemos aprendido en la infancia.

- Los resultados son inmediatos: Por un lado desahoga al adulto de la propia frustración, y por otra, pone fin a la conducta, como hemos dicho, inmediatamente.

- Los efectos negativos son a largo plazo. A muy corto plazo parece que no tiene consecuencias negativas


Dado los efectos tan negativos del castigo, ¿qué otras alternativas existen?. ¿Cómo podemos hacer ver a los niños que no nos gusta su comportamiento, que deben corregirse, pero sin castigarles, humillarles o hacerles sentirse mal?

Adele Faber y E. Mazlish, en “Cómo hablar con sus hijos para que estudien en casa y en el colegio”, proponen algunas pautas de actuación como alternativas al castigo:

1- Manifestar nuestro total desacuerdo con su conducta. Aquí no atacamos al niño, sino a su comportamiento.

2- Manifestarle lo que esperamos de él. Le hacemos ver lo que nos gustaría que ocurriera o cómo debería comportarse

3- Mostrarle cómo rectificar.
Se le enseña la conducta correcta para que la próxima vez no cometa el mismo error.

4- Si el niño continuara con su mal comportamiento o no rectificara su conducta, habría que pasar a la práctica, comenzando por presentarle opciones de comportamiento.

5- Finalmente, hay que aplicar consecuencias.

Un ejemplo puede servir para aclarar estos consejos:

El niño está remoloneando con los deberes, sin cumplir con la norma de hacer sus trabajos después de merendar. La alternativa al castigo que se plantea es la siguiente:


- Manifestamos nuestro desacuerdo con rotundidad:
“Me parece mal que no hayas cumplido tu compromiso de hacer los deberes después de la merienda”

- Manifestamos lo que esperamos de él
“Me gustaría que te pusieras a hacer las tareas como prometiste”

- Mostrarle como rectificar:
“Has sacado los juguetes nada más merendar y ya te has distraído. Creo que sería mejor que pasaras directamente de la merienda a empezar los deberes”

Si el niño continuara sin ponerse a trabajar:
- Darle opciones:
“Puedes ponerte a hacer los deberes ahora, o dar mañana explicaciones a tu profesor

- Aplicar consecuencias:
"Tendrás que recoger el material, porque ya ha pasado la hora de los deberes".

En este ejemplo, no se ha aplicado ningún castigo, sino una consecuencia lógica: el niño tendrá que asumir su responsabilidad al no llevar hecha la tarea. Se supone que esa consecuencia (el tener que dar explicaciones y hacer la tarea atrasada en su tiempo libre del colegio) hará que el niño al día siguiente sea más diligente. Lógicamente, si con eso sólo se consiguiera que el niño se librara de hacerlo, habría que cambiar la consecuencia.

LA TÉCNICA DEL DISCO RAYADO

Con esta técnica se intenta evitar entrar en discusiones con el niño.

Cuando el niño quiere algo que no pedemos darle en ese momento y se niega a admitir el “No”, no tiene sentido razonarle ya que solo quiere salirse con la suya.

Entonces podemos emplear la Técnica del Disco Rayado.

Como su nombre indica se trata simplemente de repetir la negativa como si se tratara de un disco rayado, sin añadir argumentos ni mas explicaciones.

Por ejemplo, falta una hora para la cena y el niño nos pide una galleta. Ante nuestra negativa razonada: “No puedes comer ahora una galleta, falta poco para la cena y luego no tendrías ganas de cenar”, el niño se resiste: “Pero tengo hambre...”.

No importa los argumentos que nos dé. Con esta técnica simplemente repetiremos: “No puedes comer ahora una galleta”.

Esta técnica funciona mejor si continuamos nuestra actividad sin prestar atención a sus quejas, simplemente repitiendo una y otra vez el mensaje: “No puedes comer ahora una galleta”.

Aunque el niño puede enfadarse, llorar, incluso hacer una rabieta, es muy importante no ceder.

Y también intentar no perder la calma.


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CÓMO APLICAR LA SOBRECORRECCIÓN

CÓMO APLICAR LA SOBRECORRECCIÓN

La Sobrecorrección es una técnica educativa muy útil que combina procedimientos negativos y positivos, es decir, contiene elementos desagradables, pero a la vez enseña el comportamiento correcto.

Además los efectos de esta técnica son muy rápidos y se mantienen con el paso del tiempo.

Hay dos clases de Sobrecorrección:

- Restitución: Corregir los efectos negativos de la conducta indeseada, dejando la situación incluso mejor que antes.

- Práctica positiva: Practicar de manera repetida una conducta alternativa que sea adecuada.

La Restitución y la Práctica Positiva se pueden combinar o aplicar por separado dependiendo de las conductas que se quieran eliminar.

Para explicar el procedimiento de aplicación vamos a imaginar varias conductas a las que se puede aplicar esta técnica, y veremos qué habría que hacer en cada caso:

a) El niño se ha hecho pis encima.

b) El niño ha dibujado en la pared.

c) El niño ha dejado el baño sin recoger.

d) El niño ha empujado a un compañero de clase

e) El niño baja las escaleras hacia el recreo corriendo.

La aplicación combinada de los dos tipos de Sobrecorrección supone por lo tanto:

1- Obligar al niño a reparar el daño.

a) En el caso del niño que se ha hecho pis encima, debería quitarse la ropa (si es pequeño, le ayudaríamos), llevarla a la lavadora, limpiar, en su caso, el pis, etc.

b) El niño que ha pintado la pared, debe fregarla y dejarla más limpia de lo que estaba.

c) El niño desordenado, debería recoger toda la ropa y enseres desordenados y guardarlos en el lugar adecuado.

d) El niño debe pedir disculpas al compañero al que ha molestado.

e) El niño debe regresar al salón de clases desde el recreo.

2- Obligar al niño a que practique el comportamiento adecuado a esa situación:

a) Desde diferentes lugares de la casa, le llevaríamos corriendo hacia el water: ("Tengo que hacer pis, debo darme prisa..."), etc.

b) El niño debe hacer varios dibujos en folios que debe pedir o buscar.

c) El niño debe recoger otras dependencias de la casa.

d) El niño debe hacer varias cosas agradables al compañero al que empujó (cederle el turno, prestarle algo, etc.)

e) El niño debe bajar las escaleras despacio varias veces (mientras, los demás niños están en el recreo)

Aspectos importantes a tener en cuenta en la aplicación de esta técnica:

- La Sobrecorrección hay que aplicarla inmediatamente de la conducta que queremos modificar.

- Es nuestra obligación el supervisar que el niño realice la práctica positiva adecuadamente.

- Si el niño se resistiera debemos obligarle, con tranquilidad pero con firmeza, a que haga la práctica positiva, incluso llevándole de la mano.

- Se deben ignorar los gritos, lloros y/o quejas.

- No olvidar elogiar o premiar la buena conducta o las aproximaciones a ella en cuanto éstas se produzcan.


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TÉCNICAS DE DISCIPLINA

TÉCNICAS DE DISCIPLINA

Aunque para muchos disciplina equivale a castigo, en realidad disciplina es enseñar y para ello hay que utilizar tanto métodos positivos como negativos.

CÓMO APLICAR EL AISLAMIENTO O TIEMPO FUERA

No es posible educar utilizando solo técnicas positivas sino que en ocasiones hemos de recurrir a los castigos. El Aislamiento es una forma de castigo por el que privamos al niño de los reforzadores de los que está en ese momento disfrutando, llevándole a un "lugar aburrido".El problema es que con el castigo mostramos lo que está mal o lo que el niño no debe hacer, pero no le enseñamos la conducta correcta. Por ello, el castigo hay que acompañarlo de técnicas positivas (modelos, explicaciones, refuerzos, premios, elogios...). Para aplicar adecuadamente el Aislamiento, el mandar a un niño al rincón o el Tiempo-Fuera, debemos seguir las siguientes pautas de actuación: - Debe ser un lugar aburrido. A veces puede servir una silla cara a un rincón o a una pared. Nada de sitios oscuros ni que puedan provocar miedo. Si se le aísla en una habitación (no debería tener juguetes ni entretenimientos) no se debe cerrar la puerta.

-Hay que explicarle al niño claramente el funcionamiento de la técnica (dónde, cuanto tiempo, para qué...) y sobre todo dejarle claro qué conducta inadecuada llevará como consecuencia dicho aislamiento (sólo se debe utilizar para un comportamiento; una vez superado ése, se podrá intentar con otro).

-Es conveniente comprobar que el niño ha entendido lo que esperamos de él.

-Cuando el niño inicia el comportamiento acordado como inadecuado se le indica que vaya al rincón. Si no lo hace se le lleva de la mano con firmeza pero con calma y sin gritarle.

-Normalmente se considera adecuado un minuto de permanencia en el rincón por año de edad. Si el niño se resiste o abandona el lugar, se puede añadir un minuto más. Si continuara la resistencia se puede retirar además un reforzador o juguete favorito.

-Podemos utilizar un reloj con alarma que nos avise cuándo ha concluido el tiempo de aislamiento.

-Durante el aislamiento hay que ignorar los llantos y/o quejas del niño. Si al acabar el tiempo el niño está llorando o portándose mal se le dejará hasta que haya pasado medio minuto desde que finalmente se calme, ya que si le dejáramos salir del rincón aburrido durante la rabieta estaríamos reforzando esa conducta negativa.

-Cuando acabe el tiempo debemos preguntarle al niño por qué le hemos mandado al rincón, para asegurarnos que efectivamente nos ha entendido.

Para que el Aislamiento funcione hay que acompañarlo de otras técnicas educativas de carácter positivo. Así, debemos estar atentos para elogiar al niño cuando realice la conducta adecuada o, al menos, aproximaciones a ella.



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martes, 25 de marzo de 2008

CÓMO AYUDAR AL NIÑO EN LOS DEBERES (1)

CÓMO AYUDAR AL NIÑO EN LOS DEBERES (1)

Los deberes son un recurso que si bien permiten que los niños puedan finalizar en casa lo que no han podido terminar en el colegio, posibilitando a la vez la iniciación del hábito de estudio, pueden sin embargo resultar una situación que provoque emociones negativas y conflictos en la relación padres-hijos. Para ayudar a que esta relación sea armónica y que a la vez el niño se beneficie de los aspectos positivos de las tareas para casa, se proponen las siguientes orientaciones: - La primera reunión de padres con el tutor a comienzos de curso suele ser el momento en que se dan las normas sobre los deberes por lo que es importante asistir a ella. - Además de asistir a las reuniones es conveniente comunicarse con el tutor cuando sea necesario y hablar con él de cómo realiza el niño los deberes. Además de que el profesor le puede aconsejar sobre cómo ayudarle, si fuera necesario podrían llegar a un acuerdo sobre la cantidad de deberes a realizar por el niño dependiendo de sus dificultades, motivación, etc. - En los primeros cursos, preguntar diariamente al niño por los deberes, revisar con él sus cuadernos (aprovechar para felicitarle por su trabajo) y comprobar que tiene los deberes anotados en la agenda. Conforme el niño va adquiriendo autonomía estas comprobaciones pueden espaciarse en el tiempo. - El lugar de estudio: Una regla básica es no hacerlos delante de la televisión, ya que es una fuente continua de distracciones. Se necesita además un lugar tranquilo, con buena iluminación, materiales de trabajo, etc. - Es importante consolidar el hábito de realizar los deberes diariamente. El día que el niño no lleve deberes puede dedicar al menos algunos minutos a la lectura, organizarse el cuaderno, buscar información sobre algún tema, etc. - En relación a cuándo hacer los deberes, no existe una hora más adecuada que otra. Sería preferible llegar a un acuerdo con el niño sobre el momento de llevarlos a cabo. - Ese momento sí debería respetarse y ser el mismo todos los días para favorecer el hábito. - Si se ha elegido realizarlos después de la cena, habría que tener en cuenta que el tiempo para hacerlos debería permitir media hora de juego y/o actividades relajantes antes de irse a la cama. - Por lo que respecta a la cantidad de tiempo que un niño debería dedicar a los deberes, depende de la capacidad y actitud de cada niño. Pero sobre todo los deberes no deberían suponer una carga excesiva para ningún niño, que ya ha tenido una larga jornada escolar. - También habría que tener en cuenta el esfuerzo que le suponga al niño. En general, a los niños que presentan dificultades se les debería facilitar más la tarea. Hay que evitar que, además de fracasar en el colegio, tengan "más de lo mismo" al llegar a casa. - Hay que procurar que, dentro de lo que supone una actividad que puede ser difícil para el niño, éste disfrute con la tarea y/o con su consecución o logros alcanzados. Los padres pueden facilitar esto animando al niño. - Niños con dificultades de atención pueden necesitar periodos breves de descanso y/o juego después de acabar una actividad y antes de iniciar la siguiente. - Marcar con el niño el tiempo máximo que puede estar haciendo los deberes. Es preferible que si algún día ha hecho el remolón, se interrumpa cuando ha acabado el tiempo y que se enfrente al día siguiente con su responsabilidad por no haberlos acabado. De ninguna manera debe plantearse un tira y afloja que ocupe gran parte de la tarde o vida familiar. - Para aumentar progresivamente el tiempo que el niño es capaz de estar con los deberes puede resultar útil el hacer un gráfico con él y que vaya anotando cómo aumentan los minutos de dedicación a la tarea. Establecer algún pequeño premio motivará al niño a mejorar. - Sería preferible que fueran los dos padres los que se interesaran y/o apoyaran al niño; así aumentará la motivación de éste hacia las tareas.

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NI EXPLICACIONES NI SERMONES

NI EXPLICACIONES….

A los niños pequeños no es necesario darles explicaciones cuando queremos que colaboren.
Cuando damos una explicación parece que intentamos justificar por qué el niño debe hacer algo.
A veces los niños se resisten no a lo que le pedimos, sino a las razones y explicaciones que les damos para que cooperen.
Pero, sencillamente, los niños deben hacer las cosas porque sus padres así lo creen.
Están en su derecho de resistirse, pero debe quedar claro que “papá y mamá mandan”.
Por ejemplo, si pensamos que un niño ya ha visto demasiada televisión, simplemente se le debe pedir: “¿Querrías apagar la televisión, por favor?”
Si acompañáramos a la petición cualquier otra explicación, como “Tienes los ojos rojos de estar tanto tiempo delante de la TV, ¿querrías apagarla?”, le estamos dando al niño la oportunidad de cuestionar y resistirse a esa explicación.


NI SERMONES…

Los “sermones”, o largas explicaciones sobre lo que un niño debería hacer, o sobre el buen y el mal comportamiento, no resultan efectivos para que cooperen.
E incluso pueden ser contraproducentes, ya que el niño simplemente desconectará y dejará de escuchar.
También es probable que pierda el interés por comunicarse con un padre o un madre que continuamente está aconsejando y “sermoneando”.

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PEDIR LAS COSAS DIRECTAMENTE (NO A LAS PREGUNTAS RETÓRICAS

Por ejemplo, supongamos que la habitación del niño está desordenada.
Si decimos, “¿Por qué sigue esta habitación desordenada?” estamos haciendo una Pregunta Retórica, que es:
-Innecesaria: Es evidente (por lo que no haría falta preguntarlo) que está desordenada porque el niño no la ha ordenado, y
-Culpabilizadora: Se transmiten mensajes indirectos del tipo: “Has tenido tiempo de hacerlo y no la has ordenado”, o “me has desobedecido”, etc.
Sería más adecuado plantear las cosas de manera directa. Por ejemplo, con la petición:
“¿Querrías ordenar la habitación, por favor?”
Añadiré algunos ejemplos más:

PREGUNTA RETÓRICA
1.-¿Cuántas veces tengo que decirte que te calles?
2.-¿Cómo tengo que decirte que te ates los zapatos?
3.-¿Quieres que te den las 12 haciendo los deberes?

MENSAJE CULPABILIZADOR (Oculto)
1.-Eres un desobediente
2.-No te enteras
3.-Eres tan lento…

PETICIÓN DIRECTA
1.-“¿Quieres callarte, por favor?”
2.-“¿Quieres atarte los zapatos?”
3.-“¿Querrías acabar pronto los deberes?”

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PARA QUE LOS NIÑOS COLABOREN ES MEJOR

En ocasiones podemos llegar a dar una orden sin que se haya acabado de realizar la anterior. Puede parecer normal que algunos niños acaben por no escuchar a los adultos. ¿Cómo nos sentiríamos como adultos si en el trabajo estuvieran dándonos continuas órdenes? Seguramente hacemos las cosas mejor cuando nos las piden que cuando nos mandan u ordenan hacerlas (sobre todo de manera continua). La mejor fórmula para pedir una cosa es la de “¿Quieres…?” o también la de “¿Querrías…?” . Una pregunta con ¿Quieres? es claramente una petición. Es importante evitar preguntas que puedan llevar a la confusión. Es el caso de las preguntas “¿Podrías…?” o “¿Puedes…?”. Cuando se emplea "¿Puedes?" se está preguntando al niño si es capaz de hacerlo. Si analizamos estas dos frases, veremos que no transmiten el mismo mensaje:

¿Podrías ponerte el pijama y acostarte?

Se está mandando al niño con una frase que contiene mensajes confusos (por ejemplo, no te estás portando bien, deberías acostarte ya, no debería pedírtelo, etc.)

¿Querrías ponerte el pijama y acostarte?
Se está pidiendo claramente al niño si quiere ponerse el pijama, y se le da la opción de no hacerlo. Con esta pregunta se está favoreciendo la cooperación.
Las preguntas que comienzan con la fórmula “¿Podrías…?” son claramente confusas. En realidad, se da por supuesto que el niño sabe ponerse el pijama, por lo tanto puede hacerlo. ¿Para qué, entonces, preguntar “¿Puedes…?” o “¿Podrías…?” ?
Nada mejor para suscitar la colaboración de los niños que las preguntas ‘¿Querrías…?’ o “¿Quieres…?”


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